Él la miró. Su preciosa silueta quedaba enmarcada por la brillante luz de la mañana, proveniente de la ventana. El sol iluminaba su oscura cabellera, aclarándola parcialmente por una parte. Él la contemplaba fascinado, preguntándose internamente qué significaban esas revoltosas mariposas de su estómago. Los ojos de ella brillaban y miraban al infinito incitándole a acercarse y conocerla. Pero claro, eso era imposible. ¿Como una chica tan preciosa, tan frágil, tan diferente podría quererle? Ella le miró cuando él apartó la vista. No pudo evitarlo. Como siempre, él estaba radiante. Su pelo oscuro estaba desordenado de una manera adorable. Sus ojos, tan verdes como una esmeralda, escondían en su interior una personalidad que ella moría por descubrir. Un sinfín de pecas se esparcían por sus sonrosadas mejillas. Pero, lo que más destacaba dentro de su maravilloso ser era su sonrisa. Esa sonrisa tan natural, siempre en su rostro. Esa sonrisa tan irresistible que como ella bien sabí...
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Preguntas, preguntas y más preguntas rondan por mi cabeza. Eres especial para mí, y ahora lo sé. Lo sé con certeza. Porque, aunque sé que tú no sientes lo mismo que yo, siempre te querré. Pero la pregunta es: ¿Estoy preparada para tenerte ? ¿Estoy preparada para vivir un seguramente efímero "para siempre" ? ¿Estoy preparada para ser tuya ? ¿Para estar siempre ahí , en los buenos y malos momentos? ¿Estoy preparada para hacerte feliz ? ¿Estoy preparada para el amor?
Érase una vez, una tarde fría de invierno. Muy, muy fría. Ellos estaban en el alto de la ciudad, mientras contemplaban el paisaje. No hablaban. Simplemente, estaban ahí, viviendo la vida y disfrutando el momento. Entonces ella le miró. Él no se dio cuenta, pues estaba mirando el paisaje que se extendía ante ellos enfrascado en sus pensamientos. Mientras le observaba detenidamente, ella se dio cuenta de la suerte que tenía de tenerle. Era el único que sabía hacerla reír hasta que le doliese el estómago y de los pocos que siempre habían estado ahí para secarle las lágrimas. Recordó todos los momentos que habían pasado juntos, los buenos y los malos, y las mariposas de su estómago revolotearon una vez más. Rezó a sí misma para que nunca la abandonase. Porque ella sabía que le amaba como ninguna jamás lo haría. Entonces él la miró. Se dio cuenta de que ella le estaba mirando y la observó con su ternura habitual. Ella era la única que siempre había estado para él, en todo...

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