Tristeza, dolor y soledad. Tres palabras, tres sentimientos que van de la mano junto a mi cada día, entre las sombras; lejos de las miradas de amabilidad y comprensión de los demás. Ocultos tras mi máscara perfecta cruelmente ensayada, disfrazados tras una sonrisa frágil pero radiante. Ahí están: escondidos pero presentes.
Él la miró. Su preciosa silueta quedaba enmarcada por la brillante luz de la mañana, proveniente de la ventana. El sol iluminaba su oscura cabellera, aclarándola parcialmente por una parte. Él la contemplaba fascinado, preguntándose internamente qué significaban esas revoltosas mariposas de su estómago. Los ojos de ella brillaban y miraban al infinito incitándole a acercarse y conocerla. Pero claro, eso era imposible. ¿Como una chica tan preciosa, tan frágil, tan diferente podría quererle? Ella le miró cuando él apartó la vista. No pudo evitarlo. Como siempre, él estaba radiante. Su pelo oscuro estaba desordenado de una manera adorable. Sus ojos, tan verdes como una esmeralda, escondían en su interior una personalidad que ella moría por descubrir. Un sinfín de pecas se esparcían por sus sonrosadas mejillas. Pero, lo que más destacaba dentro de su maravilloso ser era su sonrisa. Esa sonrisa tan natural, siempre en su rostro. Esa sonrisa tan irresistible que como ella bien sabí...
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