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Mostrando entradas de diciembre, 2015
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Último día del año. Ahora es cuando empiezas a pensar en los propósitos que nunca cumplirás.  Empieza la época de echar de menos a los que faltan en la mesa, a los irremplazables.  Comienzan los días en casa y películas navideñas.  En pasar un tiempo en familia, rodeado de las personas que más quieres.  Empiezas a pensar en todo lo que has dejado a lo largo del año y lo cambiada que está tu vida respecto al año pasado.  Te paras y piensas en los que te fallaron, en los que perdiste, y te acuerdas de los que, aunque se hayan ido, jamás olvidarás. Te das cuenta que la vida es un día a día constante y que cada momento es un mundo, porque ya sabéis que un momento no es igual que el anterior ni como el siguiente.  Te das cuenta de cómo han llegado a tu vida personas que hace 365 días ni te imaginabas...  Brindar por los que siguen a tu lado a pesar de todo, por aquellos que más que amigos se comportan como hermanos.  Por los que viven tus mejores recuerdos y te ayudan a superar los peores…
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Y en ese mismo momento te das cuenta de que ya está.
Cuando caes en la cuenta de que no volverás a sentir lo mismo;
de que jamás volverás a perderte por esas calles de su mano;
de que no intentarás pillar todos esos semáforos en rojo para besarle.
De que él ya no está, sobre todo ahora, cuando tu cielo ya no brilla,
ahora que tu norte no tiene sur.

Y entonces caes en la cuenta de que sus mariposas murieron,
y de que ya es hora que otra persona las sustituya.
Caes en la cuenta de que quién realmente merece la pena
vuelve
y lo que no tiene que estar a tu lado
solo se aleja.
Así que quédate con quién se quede.
Que sí, olvidar es imposible, y los recuerdos seguirán ahí.
Pero crecer y cambiar es necesario.
Y de verdad espero volver a sentir en esas calles
de la mano de alguien que
de verdad esté en mi.

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Ojalá al decirte adiós una gran parte de mí no se hubiese ido contigo, ojalá solo te hubieses ido tú, ojalá directamente te hubieses quedado. Que quizá los dos éramos dos cataclismos, cada uno a nuestra manera, pero a veces juntar a dos desastres puede ser la solución al problema. Que para mí fuiste salvavidas, el salvavidas que me reconstruyó; y ahora mismo eres infierno, pero un infierno en el que me quedaría toda la vida si tú estás en él. Quizá es que no me veo capaz de querer a alguien más como te quise a ti, y eso acojona. A día de hoy sigo sin tener muy claro  si es valiente el que se queda o el que se va. Lo único que tengo claro es que la tristeza  me acompaña día a día y que veo imposible de llenar este vacío tan abrumador que me consume. Porque a veces solo hay un paso entre luchar por alguien y rogarle que se quede. A día de hoy te echo de menos y me duele, duele como nunca.
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Hoy he aprendido que aprendemos a valorar mejor a las personas que tenemos cuando estamos a punto de perderlas. Hay que hablar más de las personas que se quedan cuando todos se van, del valor de las miradas, de los excesos,  de los abrazos que te arreglan por dentro, de las pequeñas cosas de la vida que al final son las más significativas. Que esas personas que te conocen hasta el punto de decir "a ella no le gusta eso" son las que realmente valen la pena. Que al fin y al cabo, hace falta muy pero que muy poquito para ser feliz; que al final nadie sabe lo que tiene hasta que enfrenta al miedo de perderlo para siempre.